A LA VERA DEL RECUERDO

Laciar: “Con Mathebula gané el título, pero no me llevé ni un mango a mi casa”

POR FLOR DE KO.- Sábado soleado. Como dice la canción. Villa Carlos Paz siempre en un buen lugar para desembarcar. Ya sea para vivir, de vacaciones en familia o para hacerse una escapada para un café con amigos o un almuerzo en la Costanera del Lago San Roque. Un día antes de que se cumplan 40 años de la primera consagración de Santos ´Falucho´ Laciar -fue en Soweto, Sudáfrica, el 28 de marzo de 1981- a la misma hora de la pelea ante Peter Mathebula, A LA VERA DEL RING fue al encuentro del más ilustre de los vecinos de la villa serrana, para recordar la fecha, refrescar las sensaciones de aquel día en el que Laciar comenzó a entrar en la historia grande del boxeo internacional, del deporte argentino, y se transformó en un prócer para los cordobeses.
Café Grand Prix. Tradicional punto de encuentro, en la esquina céntrica de la avenida General Paz y calle San Lorenzo, a pocas cuadras de la iglesia, en pleno centro, donde en tiempos de calendario turístico se hace peatonal para que los visitantes caminen, compren recuerdos o alfajores. Como es otoño, ya pasó el verano de visitantes, pero se espera otro aluvión turístico para la Semana Santa. Por tal motivo, es uno de esos días de calma en Villa Carlos Paz. Tomamos un café en la mesa que está en medio del salón, como para que los parroquianos que ingresen no se priven de ver la ilustre imagen de ´Falucho´. Todos saludaban o se dirigían a la mesa para expresarle su cariño. Si hasta un turista de Villa del Rosario le pidió compartir una selfie. Laciar está lleno de calma, de sonrisa tenue pero constante y sincera.
No fue una entrevista. Solo le tiramos la consigna y encendimos el grabador. Por eso compartimos algunos pasajes de una larga charla de 3 horas. Laciar, recordando momentos de su victoria ante Peter Mathebula en Sowetto, Sudáfrica, hace cuatro décadas atrás. Cuando venció antes del límite en el séptimo round, obteniendo el título mundial mosca AMB y dándole la primera corona a su provincia.

Laciar en primera persona

Día de gloria
“Recuerdo cosas maravillosas de ese día. Nos levantamos muy temprano porque la noche anterior no había cenado, no había tomado líquido, porque estaba con el peso por sobre la categoría. Nos levantamos temprano, chequeamos la balanza y estábamos 300 gramos arriba. Los bajamos, luego nos recostamos un rato hasta la hora del pesaje, que era a las 9 de la mañana, y la pelea era a las 5 de la tarde. Llegamos al pesaje, los dos estábamos en categoría. Nos saludamos, hicimos una conferencia de prensa, charlamos un poco, y después desayunamos y descansamos. Al mediodía comí liviano, pastas, y luego volví a descansar. Tuvimos que estar en el estadio de la pelea, una cancha de beisbol, cuatro horas antes. En un colectivo que nos esperaba partimos para Soweto, que estaba a 30 minutos de Johanesburgo, donde estábamos concentrados. Viajamos, yo medio loco por ver a la gente de color que tenía problemas con los blancos, incluso me quise bajar del colectivo apenas habíamos subido porque había personas de color a las que les estaban pegando unos policías porque decían que ellos no podían estar en ese momento y en ese lugar. Viajé al estadio renegando y con bronca por eso que vi, hasta que llegamos. Entramos al vestuarios tres horas y medias antes del horario acordado. Ese día peleaban José Rufino Narváez, después (Roberto) Alfaro y en el semifondo (Juan Domingo) Malvárez. Y después venía la pelea mía”.

Siestita en el vestuario, batalla en el ring
“Traté de olvidare todo lo feo que había visto en Johanesburgo, me tranquilicé y me quedé dormido. Después me dijeron que (el promotor Juan Carlos ´Tito´Lectoure gritaba: “¡qué irresponsable! ¿Cómo se va a dormir una hora y media antes de la pelea?” La tranquilidad que tenía hizo eso, que me durmiera. (Mi entrenador Horacio) Bustos, que estaba con (Francisco ´Cacho´) Giordano, me despertó. Me empecé a cambiar para la pelea y fueron pasando los minutos. Malvárez ganó, los otros dos chicos perdieron. Pero Malvárez, cuando vuelve del ring, me abraza, y me dice: “bueno, ahora te toca a vos. Como guanteaste conmigo el otro día, así tenés que pelear, esa es la manera”. Lo escuché, y fue así, estaba mentalizado para ganar. Caminamos hacia el ring, pensé que nos habíamos equivocado de camino, porque habían hecho como una jaula desde el vestuario al ring, parecía eso que ponían en los circos para los leones, una cosa así. Giordano y Bustos me empujan y me dicen que sí, que ese era el camino. Nunca pensé que iba a haber tanta seguridad por lo que significaba la pelea.
Avancé saltando, me enfoqué, subí al ring, miré hacia los cuatro costados y me di cuenta de que había un montonazo de gente. Toda gente de color. Soweto era un lugar de 1,5 millones de habitantes, toda gente de color. Me enfrasqué en la pelea, después sube Matthebula al ring, sin dudas fue bien recibido, la gente lo aplaudió mucho, y yo miraba hacia los costados diciendo: ¡dónde estoy! Y metiéndome en la pelea. El árbitro, nos llamó al centro del ring, dio indicaciones que no las entendí porque las dijo en inglés, pero sabía lo que teníamos que hacer.
En la charla del árbitro lo que hice fue mirarlo muy fijo a Matthebula, a los ojos, en un momento él baja la vista, y ahí me dije, este hombre está entregado, este hombre no está como estoy yo. Se me pasó eso por la cabeza. Vamos a los rincones, bucal amigo, se bajaron Lectoure y Bustos, y se abre la pelea. Realmente hasta te puedo decir que en un momento tenía hasta ganas de sonreír, pese a lo duro de la situación. No sé si por nervios, por tensión o por el hecho de sentirme ganador. Arranca la pelea y antes del minuto, volqué una mano que era muy característica en mí, una derecha voleada, y realmente sentí el golpe en los nudillos de mi mano, él tambaleó, erró el paso, con más razón me agrandé. Creía realmente que la pelea era mía. Fueron pasando los rounds y sentía que cada vez estaba más cerca de la victoria. Después, cuando lo tiro por primera vez, obviamente me doy cuenta que era mas complicado el arbitro que Mathebula., pero traté de no distraerme renegando con el árbitro. Lo tiro en el quinto nuevamente, y estaba convencido de que Mathebula no me iba a bancar, porque él mismo me estaba dando a entender, con sus actitudes sobre el ring, que no iba a poder aguantarme. Situaciones de confianza como ésta me pasaron luego en otras peleas, pero ese día tenía la mente muy en alto, estaba muy convencido de que tenía que ganar y así se dio.
El árbitro no me dejaba trabajar por momentos, no contaba como tenía que contarle en las caídas, le dio todas las chances a Mathebula, pero él solo dijo, no sigo más, se lo dijo con gestos con las manos y con la cabeza. Las señales que tuve y que me convencieron de que iba a ganar fue en el tercer round, volví a conectarlo firme y a darme cuenta de que no me iba a aguantar. Tuvo intentos de igualar la pelea, pero no se lo permití.
Desde mi rincón, en una sola oportunidad me dijo Tito, “Falucho, no le des bolilla al árbitro”. Por la situación y el lugar en donde era la pelea, sabía que no había que dejarles margen para cualquier resultado, tenía que ir, ir, ir, tratar de pegar y que no me peguen, y no darle bolilla al arbitro”.

El final, triunfo y festejo
“Cuando Mathebula se va de la pelea, desde mi rincón todos saltaron al ring a festejar, pero todavía el árbitro no me había levantado la mano. Él se había ido a un rincón neutral, entonces ´Tito´ le dice a Bustos y a Giordano: “momento, momento”, y le pide al árbitro que me levante el brazo. Cuando me levantó el brazo me acordé de mi vieja, lo primero que se pensé fue en mi madre, porque mi madre no quería que yo peleara.
En la llegada al país nunca había visto algo igual. Cuando aterrizamos en Ezeiza, estábamos bajando del avión y Lectoure me abraza y me dice: “Falucho venga, mire allá”, yo le dije “¡uh, cuánta gente! ¿Qué pasará?¿Habrá algún accidente?”, y me responde: “no, esa gente lo está esperando a usted. ¿Usted no se ha dado cuenta lo que pasó? Ha ganado no solo una pelea, lo hizo en un lugar muy difícil para ser campeón del mundo”.
Después le pregunté a Lectoure, quién tenía los tickets para ir a buscar las maletas, y me dice: “venga para acá, ¿cómo va a ir usted a buscar las maletas? Para eso ya está la gente que va a recoger las maletas. De Ezeiza no salimos como todos los pasajeros, salimos por una salida aparte, y las maletas me las dieron cuando llegue al Luna Park. Una cantidad de gente enorme fue a recibirme a Ezeiza. No podía ni moverme. Nos íbamos a quedar un par de días en Buenos Aires para arreglar la cosas, pero me dijeron que no, que viajara a Córdoba. Entonces esa misma tarde vinimos a Córdoba. Fue una locura, la gente que se dio cita en el aeropuerto. Hubo de todo, hasta un accidente con un muerto. La gente me quería ver, tocar, yo no entendí nunca este tipo de cosas, pero fue de esa manera. Después en Carlos Paz caravanas de todo tipo, la calle llena de autos, no se podía transitar. Y más tarde, cuando fui a Huinca Renancó, también, gente de hasta 100 kilómetros a la redonda de Huinca llegaron ese día para recibirme. Estaban mi padre y mi madre, que habían visto la pelea por televisión.
El combate que había hecho antes con (Charlie) Magri en Inglaterra (gran pelea realizada el 8 de diciembre de 1980 que perdió por puntos), me dio un espaldarazo muy importante. Cuando uno va a pelear a la casa del rival, entendés que es difícil ganar por puntos cuando sos visitante, hay que hacer un esfuerzo mucho más grande, y esa experiencia que me dio la pelea en Inglaterra la traté de volcar en Sudáfrica. Entendí que no había que dar tregua, que había que trabajar lo más firme posible y si tenía chance de tirarlo, acelerar y hacerlo, no dar oportunidad de que tu rival se pueda reponer”.

La chance mundialista
“Después de venir de Inglaterra, de la pelea con Magri, salgo bien parado pese a perder. Al regresar paramos en Buenos Aires y ´Tito´ le dice a Giordano: “sabe que hay una posibilidad de pelear por el título del mundo. Puede ser una chance para ´Falucho´, como puede ser para (Gustavo) Ballas o para (Ramón Balbino) Soria. Después Giordano me comenta lo que había hablado con ´Tito´ a solas, mientras yo entrenaba en el gimnasio. Me dice: “Laciar, hay una posibilidad por el campeonato del mundo”. Le dije, “bueno, ojala que nos toque a nosotros” y ´Cacho´ comentó que había que esperar una semanita a que salga el ranking mundial. Lo cierto fue que, pese a perder, salí bien ubicado. Esto paso en diciembre de 1980. Me confirman para pelear con el panameño José de la Cruz López, en Mar del Plata. Aceptamos, era el numero 10 del ranking del mundo y me dicen, “si ganás, la pelea por el título está”. Se da la pelea en Mar del Plata el 30 de enero de 1981. La iba perdiendo, muy difícil, era un flaco largo que boxeaba bien, no tenía fuerza pero boxeaba bien. Y yo arriesgando y arriesgando hasta que lo pongo nocaut en el octavo round. Una derecha voleada que le di en la mandíbula. Lo tiro y nocaut. Ahí ´Tito´ anuncia a los medios que me hice acreedor de la chance por el titulo mundial. Llegamos al otro día a Córdoba y el lunes empezamos a trabajar con miras a la pelea con Mathebula. Eso despertó un gran interés. Iba a entrenar a Córdoba, a un gimnasio cerca de la terminal. Tenía todos los días a la prensa en los entrenamientos”.

La plata de la pelea
“¿Qué hice con la plata de la pelea de Mathebula? No, si tuve que pagar, perdí plata. Lo he contado pocas veces. a la semana de la victoria con Mathebula, cuando vamos con Giordano a arreglar los números con ´Tito´, él tenía todos los numeritos hechos, fantástico”.
Así recordó Laciar aquella conversación-negociación que tuvo con Lectoure en las oficinas del Luna Park, tras ganarle a Mathebula.

-Lectoure: salió 16 mil y pico de dólares el gasto para la pelea. Por gastos de sparrings, preparador físico, el técnico, Giordano, viajes, hotel, porque el promotor (de Sudáfrica) se hizo cargo de todos los gastos desde Buenos Aires hasta Sudáfrica, hotel, comida, pero no de taxis y otras cosa ni del equipo que acompañó al boxeador.

-Laciar: entonces, de acuerdo a los números que está haciendo usted, se perdió plata.

-Lectoure: no , nunca se pierde plata.

-Laciar: bueno, entonces tengo razón, se perdió plata.

-Lectoure: no, no, no perdiste plata. Porque la bolsa son 10 mil dólares pero también tenés que contar la publicidad.

-Laciar: ah, entonces si no tenía publicidad perdía más plata.

-Lectoure: no, no, no, no digas más que perdiste, porque además te olvidaste que te quedaste con el campeonato del mundo, la próxima pelea vas a ganar.

-Laciar: ¿y si hubiese perdido con Mathebula?

-Lectoure: y si hubiese perdido, bueno, listo, perdías, pero los gastos son los mismos. A estos números tenés que agregarle la publicidad, lo de Adidas, que no está puesto acá en la bolsa. Tenés que agregar la publicidad de Subaru que hiciste de Córdoba, eso no esta puesto acá en esta planilla esta solo la bolsa.

-Laciar: bueno, póngalo en esa lista de gastos. Igual se pierde plata.

-Lectoure: con el título en tu poder, en vez de cobrar 10 mil dólares, ahora vas a cobrar 40 ó 50 mil dólares de bolsa por pelea.

Laciar: bueno, bueno, listo.

Regresando al presente, pero evocando aquella negociación, Laciar recordó: “tenia unos cospeles (dinero) que estaba ahorrando de bolsas que había ganado por el titulo argentino, el sudamericano, y la que había hecho en Inglaterra (ante Magri), meses anteriores. Eso me sirvió para pagar, pero en realidad perdí plata. Con Mathebula gané el titulo del mundo, pero no me llevé ni un mango a mi casa“.


Teníamos ganas de recordar algunos momentos de aquellos buenos viejos tiempos. Hoy Laciar vive en el mismo chalet que compró con sus bolsas mundialistas, con la misma mujer de siempre, Alicia, (entre noviazgo y matrimonio ya van 40 años). Disfruta de sus tres hijas, Dahiana, Cindi y Dana, y ahora de sus tres nietos, dos nenas (de cuatro y un año) y un varón (de tres).
Va a misa seguido, los domingos, algunas veces acompañado de su esposa y otras veces solo. “Hay que agradecer lo que nos dio la vida, la familia y salud que tenemos”. Además, en estos duros tiempos de pandemia, juega al fútbol tres veces a la semana, un partido en cancha de once y los otros dos en cancha de siete. “En la cancha grande juego de cinco o de ocho, pero ojo, no juego con cualquiera, y corro mucho, no entro a la cancha solo porque soy Laciar”.
Extraña ir al estadio Mario Alberto Kempes para ver a Talleres, pero ve los partidos por televisión, también los de River, “Soy gallina doble”, dice, haciendo referencia a los dos equipos de sus amores. Reniega por el presente del boxeo pero esta esperanzado que todo va a mejorar. Admite que faltan maestros como los de antes que enseñen en los gimnasios. Tiene razón.
Hace cuatro décadas ´Falucho´ paralizaba Córdoba y sentaba a los argentinos frente al televisor, bien entrada la mañana, casi al mediodía de aquel sábado, cuando el país soportaba la cruenta dictadura y el deporte era una de las pocas distracciones que nos hacía feliz.
Laciar, el que siempre ganaba batallas y muchas veces de visitante. “La gente tenía confianza y yo les daba tranquilidad cuando peleaba. Y cuando me ha tocado perder nunca me vieron tirado entre las cuerdas, yo he sido muy pillo para defenderme de las cosas complicadas” y disparó una frase que acompañó con una sonrisa, pero que pinta de cuerpo entero su estirpe ganadora: “me gusta pelear de visitante porque me gusta que quede mudo el estadio”.
Laciar, único e irrepetible.

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