BOXEO ARGENTINO

Quién es Patricio Retondaro, el misterioso agente que lleva a pelear a los argentinos al África

Tiene 32 años y hace más de 15 que gestiona peleas en el extranjero para boxeadores argentinos. Aunque cuenta con licencia de promotor, su función es la de intermediario y no la de organizador de eventos ni la de manager de peleadores. Patricio Retondaro, el silencioso agente que lleva púgiles de segundo y tercer orden a pelear a pequeñas carteleras de Canadá, Australia y, principalmente, África es un misterio para quienes nunca hicieron negocios con él: pese a su larga trayectoria, le escapó siempre a la exposición y no brindó jamás una entrevista periodística.

Tanzania, Nigeria, Namibia y Zimbabue son sólo algunos de los países africanos a los que, en los últimos años, viajaron púgiles de distintos puntos del país; todos, bajo la sombra de Retondaro, quien a pesar de sus zigzagueantes pasos procura un caminar recto: aunque sabe que en la Federación Argentina de Box (FAB) lo miran con malos ojos, tiene el mecanismo aceitado parar tener todo en regla. Jorge Brizuela, anunciador y matchmaker de Argentina Boxing Promotions, una de las compañías más activas del boxeo argentino, es el encargado de ordenar los trámites de estas incursiones que, además de ofrecer casi nulas posibilidades de triunfo deportivo, son riesgosas para la integridad de los boxeadores.

Matías Montesino, el chubutense de 23 años que tras contagiarse de malaria durante su pelea del 27 de diciembre en la ciudad nigeriana de Ibadán está en terapia intensiva desde el 15 de enero, viajó al África de la mano de Retondaro. Se fue, al igual que otros boxeadores, sin ser alertado de los riesgos sanitarios que, antes, durante y después de la pandemia del coronavirus existen en esas tierras. Ni los medicamentos preventivos ni los frotis de sangre que, ya de regreso en el país, pudieron haber advertido la presencia de malaria en el organismo: nada de eso les ofreció Retondaro ni a los Montesino (Matías viajó con su padre y entrenador, Raúl, quien también se enfermó pero ya fue dado de alta) ni a otros boxeadores que pelearon en África. José “el Puro” Paz y Ariel “Chiquito” Bracamonte combatieron en Tanzania y en Nigeria, respectivamente, y aseguraron que jamás les proveyeron medicamentos ni información para evitar la enfermedad; sólo se dieron la vacuna contra la fiebre amarilla, que es obligatoria para poder ingresar a esos países.

“Nunca me hablaron de la malaria, ni me dieron nada para tomar contra eso. Sí me tuve que poner la vacuna de la fiebre amarilla. Allá (en Tanzania) me intoxiqué la noche del pesaje y, el día de la pelea, no comí nada. Aunque estábamos en un hotel internacional, la comida era un asco: te sirven jugos naturales que te destrozan. Y en la calle se ve mucha pobreza, es muy duro. No volvería a pelear en África”, le confesó el cordobés Paz a A LA VERA DEL RING sobre su incursión por Dar es-Salam, la ciudad más poblada de Tanzania, el 13 de noviembre del año pasado, cuando fue noqueado en el 4° round por el local Hassan Mwakinyo.

“El Chiquito” Bracamonte afrontó en 2019 un viaje casi idéntico al de Montesino. Luego de pasar su primera Navidad lejos de la familia, peleó el 28 de diciembre en Lagos, la ciudad más grande de Nigeria, donde llegó también de la mano de Retondaro y también sin ningún tipo de medida contra la malaria. El excampeón argentino peso pesado perdió por nocaut en el 1° round frente al nigeriano Onoriode Ehwarieme, y asegura que tampoco volvería a competir en el África. “Yo no tomé nada. Nos vacunamos contra la fiebre amarilla, nada más. Y eso que nosotros estuvimos en un lugar feísimo, con una mugre: estaba todo contaminado, no podíamos tomar agua. Hacía mucho calor, se cortaba la luz a cada rato, la gente te quería sacar las cosas del bolso. Me acuerdo de que le dije a mi entrenador que, si me llegaba a cortar, no deje que nadie me toque la herida ni que me cosan. Fue el peor viaje de mi vida y no lo volvería a hacer nunca más”, sentenció el boxeador bonaerense que vive en La Cumbre.

Sin embargo, ni Paz ni Bracamonte contrajeron malaria, la enfermedad causada por parásitos que se transmite a través de la picadura de mosquitos. Por eso, y por la veintena de veces que trasladó peleadores al África sin consecuencias negativas, Retondaro llevó ahora Montesino, que esta vez fue la excepción, se enfermó y desnudó las falencias que tienen ese tipo de travesías en busca de un puñado de dólares a un costo demasiado elevado: la vida.

Si bien el intermediario sostiene que se trató de una cuestión tan azarosa como una picadura de mosquito, lo cierto es que hay medicina y medidas para tomar durante y después de viajar a una zona donde el paludismo es endémico.

La Dra. Laura López, jefa de Epidemiología del Ministerio de Salud de la provincia de Córdoba, asegura que, aunque no son obligatorios, existen medicamentos para prevenir la malaria y exámenes para realizarse cuando uno regresa de zonas endémicas. “Hay medicación para tomar preventiva contra la malaria, pero tiene que estar indicada por un médico. Es algo optativo, no es obligatorio de los países que se visitan y tampoco se exige desde acá. Una vez en el lugar, hay que tomar medidas que eviten la picadura del mosquito: o sea, repelentes, ropa apropiada, etc. Y para hacer el diagnóstico de alguien que volvió de un lugar con malaria, se hacen frotis de sangre o extendidos de sangre, que permiten saber si alguien está o no contagiado”, detalló López.

De “niño prodigio” a políglota millonario
El halo de misterio que rodea a este agente implica que, cuando se consulta a distintas personas que lo trataron y negociaron con él, arrojen todas opiniones bien diferentes. Para algunos, es un muchacho –tiene 32 años, nació el 12 de noviembre de 1987- supertalentoso y de palabra. Para otros, no es más que alguien que aprovecha sus contactos en el exterior para ganar una buena cantidad de dinero –“Ya tenía guita, pero con el boxeo se hizo millonario”, remarcan- a costa de las peleas de boxeadores en los que no invierte un centavo: él no es su manager, es decir, no construye la carrera de nadie; una vez que un boxeador llega a una importante cantidad de combates, se vuelve “vendible” y ahí entra en escena y les ofrece compromisos en el exterior.

Dicen que es profesor de educación física, que aprendió a vendar con Alberto “Coca” Andrada, que tiene una gran relación con Alberto Zacarías –de hecho, fue quien le gestionó la pelea de Jeremías Ponce contra Rico Mueller, en Alemania, donde el bonaerense logró el título superligero IBO- y que empezó en este negocio a los 17 años y de la mano del reconocido periodista devenido en empresario Hernán Santos Nicolini.

Otros, en cambio, aseguran que sus inicios fueron bastante antes, a comienzos del 2000, cuando desde la casa acordaba peleas para boxeadores de segunda y tercera categoría en Australia. Siempre, con mínimas posibilidades de triunfo y con pagas muy bajas, y a través de su relación con el entrenador José Roberto Camargo, “Gareca”, con quien más tarde rompió relación. “Se rumoreaba que había un chico de 15 años, que no lo conocía nadie, que era una especie de niño prodigio por sus habilidades para contactarse con promotores del exterior, especialmente de Australia. Después, con los de Canadá. Hasta que se peleó con ‘Gareca’: la leyenda dice que este le puso un revólver en la cabeza. Creo que luego trabajó con Nicolini, pero lo cierto es que (a Retondaro) no se lo veía nunca. Después se lo empezó a ver en esquinas de boxeadores. Yo lo vi varias veces, pero no sabía que era él: un pibe alto, rubio, blanquito”, cuenta una persona influyente del boxeo argentino que asegura que la actividad de Retondaro fue tal que hasta obligó a un cambio en el reglamento del boxeo argentino: “Se armó un revuelo y cayó muy mal en la FAB. Sacaron una resolución que fue hecha solo para evitar que salieran boxeadores con ese rumbo, y se determinó que para pelear en el exterior los boxeadores debían tener las últimas dos peleas ganadas o algo así”. Efectivamente, el artículo 19 se modificó en 2004 y se agregó algo que hoy, aunque no se respeta, sigue vigente: además de tener un récord con no menos del 50 por ciento de las peleas ganadas, para combatir en el exterior un boxeador no puede haber perdido sus últimos dos combates.

Uno de los promotores más grandes del país resalta que Retondaro “se hizo millonario” con el boxeo, que su mano de obra excede los límites de la Argentina y que su modelo de negocio consiste en inversión cero y una alta rentabilidad a través de una cuantiosa cantidad de boxeadores. “Este tipo (por Retondaro) lleva 20 boxeadores por fin de semana. Los vende en 7 u 8 mil dólares, y les paga como máximo 5. Le quedan entre 20 y 30 mil dólares por finde, así se hizo millonario, más allá de que ya tenía un buen pasar por su familia. Lleva boxeadores no sólo de Argentina, sino de Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador; trabajó mucho con Nicaragua también. Y él no gasta ni invierte nada, porque no tiene gimnasio ni boxeadores firmados, y toda esa inversión la hacemos nosotros y los entrenadores. Es más: muchas veces, los boxeadores viajan solos, sin entrenador y en el rincón los atiende él. La clave es que habla muchos idiomas, por eso consiguió todo. Llevar un boxeador al África en este momento fue una barbaridad: ¡mirá si por la pandemia te cerraban las fronteras y te tenías que quedar allá! No era momento de mirar un mercado como ese”, indica este empresario.

Otro agente, aunque de mucho menor envergadura, defiende la integridad de Retondaro. “Él es muy claro. Te dice la plata que hay y, si te gusta, bien; si no, no agarrás la pelea. Pero no manotea lo que no le corresponde, como muchos otros que aparecieron en este negocio con la irrupción de las redes sociales. Él es muy prolijo, muy metódico y una persona muy inteligente. Es alguien muy enfocado que siempre cumple con lo que se pacta”, enfatiza quien más de una vez cerró negociaciones con él.

Más allá de las distintas versiones sobre alguien que en su larga trayectoria jamás se vinculó con la prensa –basta con buscar en Google, YouTube y el resto de las plataformas para confirmar que, increíblemente, no hay ni una línea publicada sobre él-, lo cierto es que su último movimiento fue un paso en falso que hoy tiene a un joven que, a pesar de las muchas mejorías que viene presentando y que podrían indicar que abandonará la terapia intensiva con vida, nadie tiene la certeza de la calidad de vida que le espera ni si podrá o no continuar con su carrera deportiva. Los 10.000 pesos que le depositó a la familia y los mensajes de WhatsApp que manda a diario averiguando por la evolución del boxeador no apaciguan la angustia de una familia que, cuando se enteró la semana pasada de que a Matías lo trasladaban de la Clínica San Miguel al Hospital Zonal de Trelew por falta de pago, recordó la tragedia que les tocó vivir en 2019, cuando Rosa Montesino, de 26 años, murió luego de un ACV en el mismo nosocomio en que hoy permanece internado su hermano. Aquella vez, como ahora, lo que reinó fue la incertidumbre.

“Nunca supimos qué pasó. Nos dijeron que venía bien y, de pronto, murió”, dijo Mayra, hermana de Matías, y dejó en claro que, a veces, la información clara y la transparencia no son negociables.

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