BOXEO ARGENTINO

Unas bestias

¿Protegen a los boxeadores? ¿Les dan un trato digno sobre el ring, tal como pregonan desde abajo las distintas entidades mundialistas? ¿Por qué les colocan el bucal sin enjuagarlo cuando cae al piso? ¿Ellos lo harían consigo mismos?

Por GUSTAVO NIGRELLI (especial A la Vera del Ring)
Desde hace varios años, los organismos internacionales pregonan la defensa del boxeador extremando su protección y cuidado como principal objetivo, tanto en el campo profesional como en el amateur.

Manipulan este principio a conveniencia cada vez que necesitan justificar o rechazar algo según les cuadre, esgrimiéndolo de pronto en contra de la fusión de los campos olímpico y rentado, u oponiéndose a la cuenta de protección de pie (para evitar que el damnificado se recupere y siga cobrando, dicen), controlando con más atención la rehidratación tras el pesaje oficial, o exigiendo el antidoping, por nombrar algunas de las cosas más conocidas.

Se deschavan con el tema del bucal. Últimamente vemos que se ha impuesto en todos los organismos la costumbre que inició la FIB de no colocarlo inmediatamente cuando éste cae –sea que lo haya arrojado intencionalmente o por golpe-, al menos hasta que la acción se detenga. Es decir, prefieren que el que está desprotegido siga peleando así aunque esté siendo castigado, y recién cuando haya un respiro (si es que lo hay, porque no siempre sucede hasta el final de la vuelta), lo colocan, sin siquiera enjuagarlo.

Sabido es que el protector bucal no está simplemente para resguardar los dientes, sino además para amortiguar los impactos que de la zona de la mandíbula viajan al cerebro, por lo cual es obligatorio usarlo por protección elemental.

La pregunta es de qué sirven si en el peor momento del combate, el boxeador al que se le cae (o lo tira adrede) no puede colocárselo. ¿Existe una lógica más contradictoria que ésa? Con tal criterio, tranquilamente el bucal podría ser de uso optativo.

Pero hay una cosa peor: enumeremos qué elementos se nos ocurre pueden habitar en la lona de un ring de boxeo capaces de contaminar un bucal lleno de pegajosa saliva al entrar en contacto con él, si es que luego vuelve directamente a la boca.

De mínima, sudor, sangre, microbios, tierra, saliva ajena, mucosidad, no sólo de los contendientes que se enfrentan en ese momento, sino de todos los que intervinieron en la velada, más el árbitro, más las suelas del calzado de todos éstos que se arrastran desde el vestuario hasta el ring y pasa por todo el piso del estadio, más los tacos de las ring-girls, del anunciador, de los DT, promotores y todos quienes suben al cuadrado, más los trapos sucios que se usan para secar el agua que cae al ring llena de secreciones por pasar por el cuerpo de los púgiles, o escupida por éstos, etc.

Pero no importa. Son boxeadores. Unos brutos. Unas bestias. Quizás hayan tirado el bucal a propósito para tomar aire o hacer tiempo porque estaban cansados, o porque estaban groggys, así, que se jodan. Que lo piensen bien la próxima. Y si se lo vuelan de piña, mala suerte, que se la aguanten. Ya van a aprender a no arrojarlos, o a cerrar la boca.

¿Dónde está acá la dichosa “protección al boxeador”, desde el castigo reglamentario, hasta el argumento que seguramente fundamentó la regla? Porque si está cansado, sentido, superado y quiere hacer tiempo, ¿no habría que ayudarlo en vez de tratarlo de esa manera tan desconsiderada? ¿O los dirigentes se tragan cualquier cosa que se les cae al piso?

Pero claro, para el espectáculo es perjudicial. Y además, se trata de una maniobra especulativa cuya finalidad es atenuar o evitar un KO, pecado mortal para las reglas de estos organismos. También ésa es la verdadera razón por la cual no se contempla la cuenta de pie, ya que evita el nocaut, o lo pospone. Sáquense la careta, o sean un poco más coherentes, porque sus reglas no tienen congruencia con lo que pregonan. Si el bucal es obligatorio, lo debe ser SIEMPRE. Y si no, terminen con el verso de la protección.

Se supone que si un boxeador está sentido, cansado, o falto de aire y quiere ganar unos segundos para recuperarse, eso en boxeo amerita una cuenta de 8 –como mínimo-, porque es como que el boxeador “pide gancho”. Y si lo arroja después de una caída para ganar segundos extras a la cuenta de 10, directamente debería ser KO, porque el reglamento estipula que si un púgil en ese lapso no se recupera, ése es el resultado que corresponde.

No va el punto de descuento, ni la descalificación. Sería KOT por abandono (si insiste en arrojarlo adrede), o KO si está en medio de una cuenta, ya que pasan más de 10 segundos. Es simple. El mismo boxeador está reconociendo que no quiere más. Distinto sería si se lo vuelan de un golpe, donde no correspondería hacer otra cosa que colocárselo.

El último finde nos hemos cansado de ver peleas aquí y acullá donde primero el árbitro Gustavo Tomas le colocó de prepo y sin lavar el bucal al guatemalteco Lemus Morales contra Bruno Acosta. Y en Las Vegas, cómo el árbitro yanqui Thomas Taylor hizo lo propio contra su compatriota Demetrius Andrade, vapuleado y sin cuenta de pie a expensas del también estadounidense David “Bandera Roja” Benavídez.

Acá, en Argentina, está prohibido pelear sin bucal bajo cualquier circunstancia. Ni bien el árbitro lo advierte, debe detener la lucha aunque haya un golpe en el aire, y de ser necesario se lo liga él, pero no el indefenso. Luego se enjuaga y se coloca en su rincón, lo más rápido posible. Eso es coherencia. Es que acá se creyeron el cuento de los organismos y se aplica de verdad.

Ya se realinearán nuevamente. Aquí no hay demasiada convicción en estos tiempos. Al desconocerse el fundamento de las reglas, todo es copia fiel y cipaya de los “Amos”. Así fue que eliminaron el medio punto y pronto lo harán con la cuenta de protección de pie, más la regla de las tres caídas. Obediencia debida, sin conciencia ni análisis, menos si se trata de aplicarla contra la “clase salvaje”, a quienes dicen defender.

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